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PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO SISTÉMICO

INSCRIPCIONES ABIERTAS - CUPOS LIMITADOS -VALORES PROMOCIONALES POR INSCRIPCIÓN ANTICIPADA

(Diseñado y dictado por el Lic. Marco Leone – )



El entrenamiento sistémico es una experiencia de aprendizaje y crecimiento que permite reconocer de qué manera nuestros sentimientos, actitudes, conductas y resultados de nuestro presente son impulsados por patrones aprendidos en nuestra infancia temprana y están enlazados con la historia de todo nuestro sistema familiar, aunque no seamos concientes de qué manera o por qué razones.

Se basa en conversaciones, investigaciones sobre nuestro presente y sobre la historia de nuestro sistema y ejercicios de “movimientos sistémicos”, que nos mostrarán las dinámicas esenciales de los sistemas humanos, sus dificultades y desafíos y principalmente los caminos para solucionar los principales problemas que nos aquejan a nosotros y/o a quienes más nos importan.

Nuestros sistemas más importantes y en donde el entrenamiento sistémico tiene puesto su foco de trabajo son: La Familia (el origen, los mandatos, la relación con la vida y la muerte) , La Empresa (la abundancia, el éxito, la fuerza de nuestros proyectos, el camino para alcanzarlos, los juegos de poder, La Salud (el sistema biológico salud/enfermedad, los caminos para impulsar la salud entendiendo los síntomas y enfermedades como mensajeros de un sistema)

Poner “en orden” estos sistemas es esencial para vivir una vida conectados con el presente, en agradecimiento, serenidad y entusiasmo por el futuro a construir.


Cuando estos sistemas están en desorden (o nosotros en relación a ellos) los resultados son: depresión, resentimiento, soledad, incapacidad de alcanzar las metas que me propongo, fracaso emocional y material, frustración, pérdida del sentido de la vida, desconexión de la vida como posibilidad y en el extremo, deseo de morir)

Los seres humanos somos “representantes de nuestro sistema”, al decir de Bert Hellinger. Esto remite a que no somos del todo libres, somos potencialmente libres, y la libertad es una conquista que alcanzamos cuando podemos convertirnos en adultos que viven a partir de una autonomía y responsabilidad personal, enfocada en el presente.

No somos solos. Aunque podamos, en determinados momentos de nuestra vida, sentir internamente un sentimiento de soledad, los seres humanos desde nuestra infancia temprana y durante el transcurso de todo nuestro vivir, estamos en relación con otros, con sus mandatos, historias, expectativas, deseos y creencias sobre qué está bien y que no, cómo deberíamos vivir y cuál es nuestro lugar. A partir de todos estos aprendizajes, (concientes y otras veces inconcientes, adquiridos en los primeros cinco años de vida), construimos nuestra identidad, nuestra moral, nuestra ética y también el guión de conductas y posibilidades que seguiremos en automático durante el resto de nuestro vivir como adultos. Así ocurre nuestro complejo mundo emocional, asociados al destino de otros. Muchas veces llegando a la adultez con poca fuerza para vivir una vida que me sea propia, que se base en mis propias habilidades para tomar decisiones y sea la fuente de mi propio presente.


Internamente confundimos la lealtad inconciente a patrones y mandatos infantiles con el amor adulto y conciente en el que no solo reconocemos a aquellos que son importantes para nosotros (como nuestros padres y ancestros) sino que también llegamos a distinguir que nuestra libertad implica muchas veces construir un guión de vida que me pertenezca, incluyendo mis propias experiencias, necesidades, valores y deseos.

Nuestro destino no es personal. Nuestro destino es colectivo. Vivimos en “comunidades de destino”. La primera y más importante es la familia. Y en nuestra convivencia nos haremos leales y fieles a situaciones y experiencias que más de una vez irán en contra de mi propia conciencia sobre qué quiero o necesito para mi propia vida.

De esta manera, la contrucción de una relación con mi propia vida que incluya el amor y respeto por la vida de todos los demás, cercanos o no, conocidos o no, será un desafío central en el camino de vivir y tomar plena responsabilidad como adultos maduros. La vida que tenemos es el recurso más grande que podemos alcanzar, ya que de ella depende cualquier logro o posibilidad que podamos desarrollar.

Los desafíos son muchos. Llegamos a la adultez viviendo en tres ciclos emocionales diferentes. Nuestra habilidad para atravesar estas experiencias definirá nuestra fuerza para continuar, completos, más grandes, más fuertes y enfocados en el presente. En contrapartida, el no tener esta habilidad me llevará a vivir enfocado en el pasado, sin disponibilidad emocional para vivir en el aquí y ahora, perdiendo el entusiasmo y la paz, necesarias para construir un futuro que merezca ser vivido. La ansiedad, el miedo, la desconfianza y la depresión, son una manifestación clara de nuestra incapacidad de atravesar estos ciclos con madurez.


Estos tres ciclos con los que tenemos más dificultades son

CULPA

DUELO

RESPETO


1. Asumir la culpa: sentimos culpa cuando causamos algún daño a alguien. También cuando, por tomar nuestro propio camino, tenemos que dejar a otra persona o renunciar a cumplir con sus expectativas. Ya no somos “ni tan buenos, ni tan inocentes”. Y aceptar eso da culpa. Asumirla es un desafío central que está en el centro de nuestra madurez emocional.


2. Hacer el duelo de alguien: cuando alguien importante para nosotros muere o se va de nuestra vida, nuestra propia vivencia es que “ha muerto una parte de mi propio ser”. De allí que muchas veces perdemos la fuerza para seguir. Somos incapaces de honrar la partida del otro tomando el compromiso de quedarnos en la vida, el tiempo que sea que tengamos. Nuestra propia fidelidad, mal entendida, nos lleva a negar su partida o enojarnos con la situación o con la vida (etapa de la bronca), o a vivir en la idea de que no podremos seguir sin esa persona a nuestro lado (etapa de la tristeza – depresión). Tenemos que aprender a transitar la despedida y a abrazar nuestro presente con el compromiso de quedarnos. Y ese es un aprendizaje esencial en el entrenamiento sistémico que todos los participantes tendrán oportunidad de alcanzar.


3. Ser capaz de respetar a alguien que no nos guste, o sea diferente a nosotros, o nos haya hecho daño. La habilidad de crear un mundo con lugar para todos, no solo para los que son o piensan como yo, es fundamental para la construcción de una ética y convivencia basada en el respeto por las diferencias y en honrar los aprendizajes que podemos hacer juntos, fuera de vivir las diferencias como si fueran una amenaza para mi propia persona. Cuando no respetamos las diferencias definimos nuestra identidad en una confrontación (explícita o no) organizando nuestro emocionar en la desconfianza, la desilusión, la resignación, la soledad o el resentimiento. No hay libertad, ni ninguna clase de bienestar en estas emociones. No hay posibilidad de recogimiento, de quedarse con uno mismo y poder agradecer también el dolor, asumiendo que en parte solo crecemos asumiendo lo que nos duele, más que pretendiendo negarlo, evitarlo, racionalizarlo o resistiéndolo.

Siendo que llevamos destinos comunes, que creamos “comunidades de destino” (la mas común es la pareja), aquello que nosotros no cerremos lo tendrán que enfrentar las generaciones siguientes. De la misma manera que yo puedo estar ligado a situaciones, emociones e historias de dolor que ocurrieron mucho tiempo antes de mi nacimiento y que vienen a mí a través de la conciencia de todo el sistema. De la misma manera que mis ancestros y sus historias de dolor pueden tener poder sobre mí, también yo influiré en el destino de mis descendientes, sea o no ese mi deseo para con ellos. Así se forma la herencia, a partir de situaciones que no entendemos, no tienen lógica en el presente y, por ende, no sabemos cómo resolver o cerrar.

Hay decisiones nuestras, en el presente, que permiten cerrar estas historias convirtiéndolas en una fuerza para vivir, tanto para mí como para aquellos que vengan después.

Es el compromiso central del Entrenamiento Sistémico crear la oportunidad para que cada participante pueda llevar su propia vida, personal y familiar enfocada en el presente, sientiéndose agradecido por lo que fue y conectado con el aquí y ahora de la vida que merece vivir.

A través de la investigación rigurosa de los diferentes “juegos sistémicos”, “transacciones” y “dinámicas de relación” usaremos ciertos aprendizajes del coaching para desarrollar nuestra propia libertad a partir de poder tomar decisiones que vayan a favor de nuestra vida y de un futuro posible, agradecidos por lo vivido y dispuestos a dejar el pasado atrás, creando una relación poderosa con el presente, para nosotros, nuestros descendientes y las instituciones que lideramos o de las que somos parte.

Esta es la promesa del entrenamiento sistémico. Ud encontrará respuestas a sus desafíos fundamentales, y maneras de solucionar lo que más le importe (cambiando lo que esté en su poder y asumiendo lo que no).

Cuando mi sistema está en paz, cuando yo estoy en paz con mi sistema, cuando reconozco y acepto el orden necesario para que el movimiento amoroso fluya, recién entonces podemos hablar de transformación de mi persona y de mi entorno. Como coaches, educadores y/o profesionales estamos llamados a ampliar nuestro reconocimiento de qué constituye a un ser humano, qué implica decir que “nos constituimos en la relación con el otro”.

Hablamos entonces de aprender a intervenir en un sistema, no solo en una persona en particular (sean estos nuestros hijos, clientes, empleados, o nosotros mismos). Y aunque sostengamos que lo que hacemos siempre tiene un impacto en el sistema al cual el otro como tal pertenece, no siempre lo hacemos estando alerta de qué cambio estamos produciendo y hasta dónde ese cambio está en sintonía con todo su entorno.



Es el compromiso central del entrenamiento sistémico que los coaches y profesionales que participen aprendan a:

1. Reconocer la complejidad como característica de base de los sistemas y aprender a contemplarla sin abrumarse. Explorar el “orden” como el contexto en donde ocurre el amor. Investigar los “desórdenes” que provocan frustración, soledad, aislamiento y pérdida de sentido.

2. Distinguir la diferencia en el orden en un sistema familiar vs. un sistema institucional o empresarial. Armar las bases de un “mapa sistémico” para intervenir ordenadamente y con claridad en la complejidad de las empresas, sus juegos de poder y desafíos de centrales.

3. Reconocer una conciencia personal y una conciencia del sistema, que no siempre están en sintonía. Aprender a intervenir en otros teniendo en cuenta su lugar en su sistema, no solo sus expectativas de futuro. Aquello que elija hacer, que vaya en contra de lo aprendido en su sistema, si no es reconocido, se convierte en una contradicción y crea sufrimiento en la persona.

4. Distinguir las diferentes clases de emociones y su importancia. Reconocer la diferencia entre un adulto maduro y un adulto infantil y cómo acompañarlo a que alcance su completo desarrollo y autonomía.

5. Encontrar las bases para conquistar la libertad propia y los caminos para asistir a otros a que también lo logren. Distinguir qué significa estar "implicado" en la suerte o destino de otra persona. Asistir para salir de historias de otros, que llevamos como una carga personal, muchas veces sin saberlo.

6. Aprender las conversaciones, declaraciones, juicios, etc. que pueden generar completud, sanación, tranquilidad en el alma de una persona y en todo su sistema.

7. Distinguir mi cuerpo como el "sensor", el instrumento a través de la cual puedo recibir información sobre la situación del cliente y posibles historias relevantes en su sistema. Desarrollar esa sensibilidad. Ver los síntomas y enfermedades como intentos de solución o de restauración de un equilibrio en su sistema, más que un problema a controlar o resolver.

8. Declarar a la "reconciliación" como la meta final de todo trabajo para alcanzar paz y desarrollo. Reconocer qué necesita ser dicho o hecho en cada momento para alcanzar el orden o la solución a una situación vigente.

Metodología


La dinámica de trabajo se basa en una conversación en donde a través de distintas experiencias (y trabajando con las situaciones particulares del propio sistema de cada participante) buscaremos reconocer lo antedicho: los diferentes órdenes, las lealtades e implicancias, la diferencia entre "saber" y "percibir" qué pasa en cada situación, el uso de los “movimientos sistémicos” (una constelación reducida a su movimiento esencial) para enfrentar los problemas o desafíos presentados, desde el cuerpo y la emoción.
No es el propósito del entrenamiento que los participantes entiendan qué les pasa o porqué. El desafío central es que cada uno encuentre soluciones a sus problemas más importantes y una apertura a desarrollar su vida con alegría y gratitud.
Cada participante trabajará a partir del reconocimiento de su lugar en su propio sistema. Sólo reconociéndome puedo reconocer lo que le pasa al otro, hijo, empleado, cliente, etc.
No estamos interesados en solo dar información. Se llama “entrenamiento” porque su foco principal consiste en desarrollar la sensibilidad de mirar sistémicamente, la habilidad de intervenir escuchando lo que está presente de todo el sistema en una sola persona y acompañar una práctica recurrente que permita crear un nuevo hábito: el de ser un observador sistémico.
Para aquel cuyo propósito es ayudar o acompañar a otros, su propia persona es su fuente e instrumento de intervención. Y en su relación con su propio sistema está su mayor poder. Solo se puede dar lo que uno primero a podido tomar. Y allí radica la importancia fundamental de nuestra relación con todo nuestro sistema familiar presente y pasado.
Este entrenamiento le dará la fuerza y la experiencia necesaria para que, entrando en paz con su propia realidad, pueda convertir su historia, aún la más difícil de asumir, en una fuerza para crear una oferta poderosa para Ud y su entorno.


Diseño del Entrenamiento


El entrenamiento sistémico para coaches y profesionales tiene una duración de 90hs presenciales, repartidas en tres fines de semana de 10hs cada jornada. Entre cada encuentro los participantes tendrán tareas a realizar y dos reuniones virtuales (webinars) para ajustar su experiencia a la vida cotidiana y encontrar respuestas a sus desafíos del momento.
El entrenamiento otorga un reconocimiento en aprendizaje continuo para los coaches acreditados en ICF de 34 Ccu´s)
Este programa de Entrenamiento Sistémico se dicta con éxito actualmente en Argentina (Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Jujuy), México y Colombia.

Temario


Primer encuentro

- Las bases del coaching y del pensamiento sistémico. ¿Cómo mirar sistémicamente?
- El reconocimiento de mi propio sistema, sus complejidades y mis desafíos por pertenecer a él. La técnica del genograma: reconociendo mi lugar en mi familia.
- Dinámicas de orden y desorden en un sistema familiar y los juegos sistémicos. Cómo intervenir en mi propio desorden y en el de otros.
- La Libertad, la Responsabilidad, la adultez como fuente de mi fuerza en el presente. Cómo reconocerla y qué caminos me llevan a ella.
- Emociones primarias, secundarias, terciarias, metasentimientos, emociones congeladas. El papel del trauma. Reconocimiento y caminos de acción.


Segundo Encuentro

- El sistema empresarial. Orden y desorden, juegos de poder y cuál es el lugar del interventor/coach que pretende hacer cambios o impulsar desafíos.
- El sistema biológico. La salud como la búsqueda de un constante equilibrio. Los síntomas y sus significados. La vida y la muerte.
- El adulto maduro vs. el adulto infantil. Distinciones y formas de llegar a la adultez.
- Papel central de la autonomía en la adultez. Diagnóstico de cuán autónomo soy y qué debo trabajar para alcanzar la completa autonomía.


Tercer Encuentro

- Reconocimiento de los trasfondos sistémicos detrás de cada problema.
- El lugar del que quiere ayudar a otros. El orden de la ayuda.
- ¿Dónde está mi fuerza para intervenir? El coaching, la intervención desde una mirada sistémica. Metodología y procesos.
- Reflexión sobre el “antes y el después” del entrenamiento. Diseño de nuevos escenarios de futuro para mí.
- Toma de decisión. Distinguir qué es más importante para mí en este momento, reconociendo qué le da más fuerza a mi futuro.
- Emergencias, contingencias y las bases para vivir mi vida siendo una oferta poderosa en un presente cambiante. La contribución de Fernando Flores al profesional enfocado en ser agente de cambio para sí mismo y para un mundo en permanente movimiento.


Dirigido a


Profesionales de todas las áreas principalmente, salud, educación y empresarios, interesados en ser fuente de cambio para ellos mismos y su entorno.
Coaches y estudiantes de carreras de coaching.
Para todos aquellos que estén interesados en aplicar los principios y fundamentos del pensamiento sistémico en su propia vida.


Cupos Limitados


No es requisito tener conocimientos previos de coaching o haber participado en talleres de constelaciones para poder participar. El entrenamiento sistémico tiene la calidad de una propuesta de post-grado. No forma ni habilita a ser un coach profesional ni un constelador sistémico

Fundación APC Argentina es una escuela formadora de coaches reconocida por la Asociación Argentina de Profesionales de Coaching.

Es un Programa acreditado por ICF para Team Power como ACTP y se imparte en Argentina a través del socio local APC Argentina.